Los padres de antes

Pertenezco a la generación de colombianos que tuvimos padres que decían NO.

A los niños y jóvenes de ahora, por los que hemos estado preocupados de que no se vayan a frustrar, les puede parecer un asunto de ciencia ficción que hace muchos años hubo padres de familia que no daban permisos para salir a jugar; que no compraban los juguetes que uno pedía, que no dejaban ver televisión hasta la hora que se nos diera la gana o que no nos daban gusto con la alimentación.

Los sociólogos y psicólogos están llamando la atención de que los hijos de ahora se están convirtiendo en dictadores, tanto en el hogar como en las instituciones educativas y que los padres no saben cómo reaccionar; están desorientados.

Puedo dar fe de que mi padre sí sabía como reaccionar y que durante décadas no hubo la menor posibilidad siquiera de dudar cuando daba una orden. Esas disposiciones jamás se discutieron y ni siquiera se concertaron. Simplemente tocaba obedecer “y con la boca cerrada”.

Estuve buscando información sobre los cambios que se han producido en la educación y en la crianza de los hijos y la explicación que dan los expertos es que, en efecto, existe hoy una absoluta pérdida del respeto a la autoridad familiar. La mayoría de los padres modernos no saben o no sabemos decirles NO a los hijos cuando eso es lo que conviene y tampoco tenemos idea de cómo hacer para que acepten las normas.

La explicación que dan es que lo más frecuente ahora es que los dos padres trabajen y que, ante el estrés y la incertidumbre laboral e incluso la crisis de las parejas, cuando ellos llegan a casa prefieren evitar los enfrentamientos y el enfado con sus hijos.

Lo que llama la atención es que con mucho, muchísimo menos de los que tienen los menores de ahora, los niños y jóvenes de hace 30, 40 ó 50 años fuimos felices.

En esa época, por ejemplo, la entrega de regalos en Navidad no duraba horas, como ocurre actualmente; pero un carrito de plástico nos hacía felices durante meses.

No había videojuegos, consolas, aplicaciones ni mucho menos drones; pero había más amor y hoy debo agradecer a mi Padre porque nuestra familia se mantuvo por su coraje y su autoridad.

Hasta ahora empiezo a entender sus órdenes incontrovertibles, sus métodos, sus preocupaciones por nuestros estudios y por nuestro futuro y hasta sus castigos. Por todo eso, Muchas gracias Padre…

Nairo Quintana y la política

Antonio Cervantes, ‘Kid’ Pambelé, que el 28 de octubre de 1972 se coronó campeón del mundo en la categoría welter junior de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), fue quien ‘inauguró’ la relación deporte-política en Colombia.

Todos los políticos de la época, especialmente los costeños, se dieron el lujo de posar con Pambelé, quien con gran orgullo llevaba por todas partes el cinturón que lo acreditaba como monarca de las 140 libras. Pambelé, que había nacido en San Basilio de Palenque, nunca fue ambicioso, pero esa relación con políticos y gobernantes de la época le sirvió para conseguir un acueducto para su comunidad.

Nuestra estrella del ciclismo Nairo Quintana no ha logrado mucho para su natal Cómbita, con excepción de unos computadores para el colegio donde estudió, pero todos los días se codea y hasta toma vino con los políticos contemporáneos del país.

Hace unos días, aprovechando su paso por Antioquia, en donde disputó el Tour Colombia, Quintana visitó Rionegro y, en compañía de su familia, se tomó fotografías con el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Muy pocos supieron de esa visita social, pero el expresidente publicó la foto en su cuenta de Twitter y ahí fue Troya.

La izquierda del país utilizó las redes sociales para atacar al pedalista e incluso comparó su encuentro con Uribe con el que la que la campeona Mariana Pajón tuvo hace casi un año con sicario del cartel de Medellín Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye. 

“Nairo ha desilusionado y no porque no tenga derecho a hacer las visitas que le plazcan”, escribió el exconcejal de Tunja Pedro Pablo Salas y acusó al ciclista de dejarse manosear por los políticos. Agrega Salas que Nairo “ha generado una ruptura en Boyacá y confirma lo que siempre ha existido con los iconos populares y es que el capital los convierte en objetos comerciales, los vacía de contenido social, cultural y luego los prostituye a través de la reproducción del poder”.

Si hablamos de manoseo eso es lo que ha hecho con Nairo desde hace tiempo el actual Gobernador, pero no es para tanto. Nairo y Carlos Amaya se necesitan y se explotan mutuamente.

Pero Nairo no solo es amigo de Amaya y del expresidente Uribe. También lo es del médico y excandidato a la Gobernación Gonzalo Guarín Vivas, con quien comparte frecuentemente. Es cercano al procurador, Fernando Carrillo, al exalcalde Fernando Flórez, al exgobernador Juan Carlos Granados, a Esteban Santos, hijo del expresidente Juan Manuel Santos….

No sabemos si Nairo logre ganar el Tour de Francia como esperamos los boyacenses y como quiere su equipo Movistar, pero lo que sí es cierto es que todos los acontecimientos están precipitando que tarde o temprano Nairo termine como protagonista directo de la política boyacense y colombiana. Hay quienes creen que apenas se baje de la bicicleta se subirá a la tarima a echar discursos y aspirar al Senado. Esperemos.

Ricardo Rodríguez
Periodista